El corazón roto vuelve por más y
así se siente único, pero lo cierto es que todos andamos así. Conocemos la
sumisión, la tortura y el aburrimiento, pero esta vez no quiero que tú las
conozcas, me despido de las tres.
Mañana al despertar no habré
olvidado que estuviste acá, haré lo posible para que tu olor se conserve en la
cama. Mañana estaré aliviado de tener mis pies y caminaré, estaré aliviado de
tener esta hermosa cara y sonreiré.
Estas tan rota, tan rota como yo,
que no debes preocuparte por tus ángulos agudos y las excentricidades. Hoy solo
importa que te gusten los paseos acelerados, el humor negro, las tardes cítricas y las
noches blancas bien mezcladas con ginebra.
Somos el momento y el cuerpo sin
historia. Despertamos con la piel llena de besos: tú encuentras mis huellas en
ti, yo encuentro las tuyas en mí, pero no recordamos cómo llegaron ahí. También hay las huellas de un tercero que ya partió en medio de la noche.
La próxima vez quien ocupe tu
lugar desayunará como vegana después de una noche de tanta sangre cruda, tomará
té verde después de tanto veneno. No habrá festín, solo una paz nutritiva. Ella caminará a casa con la misma ropa de ayer, su ropa llevará el olor del
camino recorrido.
Estoy tan roto como tú, pero destruyéndome
me encuentro a mí mismo. La sordera de hoy es señal de que la música caló y la
sensación extraña en la entre pierna dice que la perfección también lleva su dirty talk. Cada beso, cada role play de
esclavo y amo y cada nueva palabra de
seguridad están sacralizadas por nuestras lagunas mentales.
No seré yo la próxima vez, no
serás tú la próxima vez, pero podremos reencontrarnos en otros, podremos sustituirnos en cuerpos distintos. Somos la versión contingente de las cosas que no existen, solo
somos ese olvido intoxicado.

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