jueves, 2 de enero de 2014

VIRGEN DE NEON




La democracia es la ilusión de un alma colectiva, de un fantasma monumental. Su voz es como un coro y cuando  escuchamos el canto podemos asegurar que nuestra voz está ahí, aunque no recordamos cuando nos pusimos a cantar, ni cuando aprendimos la canción.

Los líderes de la democracia no portan diferencia ni hacen ruido, encarnan la armonía de ese canto en su forma y contenido, así que ellos no tienen palabra propia, son nuestro espejo.

¿De verdad creemos que el presidente dice lo que dice por qué es machista y patriarcal?
Es posible, pero lo que el presidente piensa sobre un punto u otro es totalmente irrelevante. El discurso que importa es aquel que reglamenta al suyo. Es nuestro discurso el agente regulador, el que se reproduce en las sabatinas. 

Me atrevo a decir que es difícil que las palabras del presidente, ese sábado 28 de diciembre, les haya  resultado ajenas,  más bien pudo resultarles familiares, como que ya las han escuchado antes en otras bocas, ¿no?

Su discurso, como es acostumbrado aniquiló lo distinto, pero ello no solo responde a un “estilo” particular de ejercer poder, sino a una característica propia de nuestra actual democracia: alinearse o morir.
A esa diferencia es a la que ataca el presidente desde sus intervenciones, pero es importantísimo que pensemos que no se trata de él, se trata de nuestro discurso, el que tiene una bandera llamada hiper presidente.

Pongámoslo así, si él no fuese nuestro presidente sino Perico de Los Palotes,  Perico tendría que llevar el mismo discurso por varias razones. La oposición con partidos políticos como Madera de Guerrero, Creo, Sociedad Patriótica y otros siguen la misma línea. En resumen hay una sintonía ideológica que permite que la discrepancia no alcance otros límites más radicales. 

Otra razón es que los ecuatorianos somos como Perico, tenemos Madera de Guerrero, somos como Creo,  como Sociedad Patriótica. Somos tan intolerantes en lo más oscuro de nuestros corazones, por más que en un cafecito o con tragos encima nos la echemos de open mind. La tradición judeo-cristiana, el machismo, la homofobia están bien ancladas en lo más profundo de nuestra estructura.  

El ecuatoriano open mind no existe, al menos no hasta que su punto de vista se encuentra con una situación comprometedora. Es ahí donde fallamos todos a la palabra que decimos y seguimos a la palabra arcaica, vieja y brutal que nos estructura.

Para muestra un botón, es decir las estadísticas.

Si la opinión de Perico fuese excepcional no existiría una generalizada exclusión a la seguridad social en los grupos LGBTI. (58%) lo que refleja, en cierto aspecto, la institucionalización de la exclusión. 

Olvidemos, por un momento, las instituciones del estado y pensemos en lo más importante, el plano cotidiano de lo social. Fiable o no, según el INEC el 70% de los miembros de la comunidad LGBTI se sienten descartados por las personas de su entorno, sea a través del control, la imposición, el rechazo  o la violencia.  La forma más común de ese rechazo es que sus familiares dejen de hablarles o de considerarlos parte de la familia (26%)

Perico y Correa deben responder al alma colectiva, no a la posición de su persona, por eso es que se dio esa sensación de contrariedad en un grupo LGBTI, cuando días antes de la sabatina el presidente en un encuentro mostró apertura hacia dicho grupo. Por supuesto! Ahí Correa no se enfrentaba a una nación ecuatoriana, nada más conversaba con un grupo pequeño, que permitía en él aflorar la más natural hipocresía o la más sincera alianza. 

La segunda más grande ilusión de esta democracia es “la revolución”, y no es algo propio de este momento histórico, desde siempre sin discursos oficiales, la revolución ha operado en nosotros con otras palabras, bajo un complejo de actualidad, de desarrollo, cambio y progreso. 

No nos sentimos como en la época de Miguel de Santiago, somos más modernos que eso! pues ya no vamos a la misa, creemos que esa tradición ya no nos toca, ya pasó. Aparentemente vencimos al miedo que la contra reforma nos inculcó durante la colonia. 

Decimos que ahora sabemos que esas son patrañas anticuadas, siempre y cuando no nos toque un hijo, hermano o papá maricón; decimos que aceptamos la homosexualidad, siempre y cuando no nos jodan, ni se pongan la camiseta del Barcelona. Decimos que los respetamos cuando los asesinamos con botellas de vidrio en medio de un parque. 

Así somos de modernos y progresistas. Ya no necesitamos la virgen de Legarda, ya sabemos que no vigila, es un monumento nomas! Solo queremos una virgen de neón en la carretera, para que nos proteja de la muerte y de la perdición que trae la neblina.

No hay comentarios:

Publicar un comentario